Cómo buscar un buen psicólogo en Madrid (2ª Parte)

Requisitos para buscar un buen psicólogo en Madrid.

Dejamos a Pedro iniciando su tarea para buscar un buen psicólogo en Madrid, pero algo abrumado por la cantidad de datos que le aparecían en Google. Leyó la lista de los principales criterios de búsqueda anotados:

  • Título de psicólogo. A ser posible Máster o especialización.
  • Que esté colegiado y con seguro de responsabilidad.
  • Autorización para ejercer como psicoterapeuta.
  • Tipo de terapia más conveniente: psicoanálisis, conductistas, humanistas, etc.
  • El área de especialización: adultos, niños, terapia individual o grupal, parejas, sexólogo, especialista en ansiedad o depresión, etc.
  • Duración, frecuencia y precio de las sesiones.
  • Experiencia y formación del profesional.
  • Relación psicólogo/paciente: Que tenga empatía. Que sea buen comunicador. Que me sienta comprendido, etc.

Con estos datos previos, que consideró los más importantes inició la busqueda. Empezó a visitar páginas web, a leer información, a filtrar profesionales y tras una búsqueda concienzuda se decantó por un psicólogo conductista que ofrecía resultados en pocas sesiones, avalado por una bibliografía interminable, con una página web agradable y ampliamente referenciada.

La primera cita: Psicólogo conductista.

El precio era de 50 euros por sesión y superaba su cálculo inicial, pero esperaba compensarlo con resultados rápidos. El psicólogo en cuestión ofrecía una primera sesión “explicativa” gratis. Concertó cita y acudió a la primera visita en un lujoso edificio de corte clásico por la zona del Retiro. La sala de espera era acogedora, lujosa, elegante, con una guapa secretaria, música ambiental relajante y unos cómodos sillones de piel para esperar cómodamente.

Cuando entró a la consulta del psicólogo, se encontró con un señor elegante, vestido de traje y un despacho muy en línea con la sala de espera. El psicólogo le explicó como trabajaba, le explicó detalladamente el encuadre en que se iban a desarrollar las sesiones. Insistió, para su gusto demasiado, en la puntualidad, y repitió hasta en dos ocasiones que si faltaba a alguna cita, aunque fuera de forma justificada debería abonar los honorarios, pues “su tiempo es oro y no puede malgastarlo”.

Buscar un buen psicólogo en Madrid

Salió de la consulta con la sensación de que su problema era lo menos importante, de que lo fundamental era acudir puntual a las citas y eso sí, no faltar a ninguna sesión aunque estuviera con 40º C de fiebre. Al llegar a casa decidió buscar un nuevo profesional y quizás un poco presionado por el temor a ser engañado, buscó alguien con amplia experiencia, en este caso era una profesional de orientación psicoanalítica, de edad difícil de precisar, presencia agradable, con una página web que aparecía en casi todas las búsquedas en los primeros puestos de Google.

Segundo intento: Psicoanalista argentina.

Quizás lo que menos le gustó es que incluía en su web un amplio historial de comentarios de “supuestos” pacientes, todos anónimos, que como no podía ser de otra forma elogiaban su buen hacer como profesional, su carácter dulce y comprensivo. Pedro pensó que un buen profesional no tenía ninguna necesidad de hacerse una autopropaganda que no puede demostrar de ninguna forma. De todas formas concertó una primera cita gratuita y una semana más tarde acudió esperanzado.

El consultorio estaba en el centro de Madrid, cerca de la Puerta del Sol. Era un edificio antiguo y algo viejo por fuera, pero con una consulta alegre y acogedora. Tenía un amueblado moderno tipo Ikea con múltiples plantas y flores por todos los rincones. Pedro empezó a contar sus problemas y al pronto se percató del marcado acento sudamericano de la terapeuta, que no siempre le permitía entender lo que decía.

La sesión fue correcta, pero a Pedro le quedaba la duda de si su terapeuta le estaba entendiendo o no, pues las más de las veces no acababa de comprender lo que le decía, en  unas ocasiones por el acento y las más de las veces por un lenguaje muy técnico y freudiano.

Las primera veces la interrumpió para decirle que no entendía lo que le comentaba, ella trataba de explicárselo con un lenguaje para “megatorpes” que le incomodaba, pero al poco volvía a los tecnicismo y llegó un momento en que se sintió ridículo cada vez que pedía explicaciones sencillas y optó por asentir con la cabeza aunque no entendiera la mitad de lo que le decían. Al acabar la sesión gratuita, concertó con ella una segunda sesión, que anuló dos días más tarde pretextando un viaje inesperado.

Psicóloga elegante

Tercer intento: Joven psicólogo humanista.

Después de esta segunda experiencia, dejó de buscar y se sintió muy desanimado, pues no veía nada claro como proseguir su búsqueda. Una mañana quedó con un amigo para jugar un partido de tenis. Su amigo acaba de recuperarse de un fuerte esguince de tobillo y había estado acudiendo a un fisioterapeuta.

Durante la rehabilitación el amigo había comentado el caso de Pedro al “fisio”. Éste le dijo que conocía a un psicólogo bastante joven del que tenía buenas referencias de primera mano. Era agradable, muy cercano y hasta donde sabía, los pacientes se sentían muy cómodos con él. Le dio el una tarjeta con el teléfono por si se decidía a concertar una cita. Pedro se guardó la tarjeta que le dio su amigo sin muchas ganas.

Un par de días después, un tarde especialmente aburrida, empezó a mirar por internet, se acordó de la tarjeta y antes de llamar buscó la página web en Google. Se trataba de un psicólogo joven, de orientación dinámica y humanista, que había realizado un Máster de psicoterapia dinámica.

Usaba también técnicas humanistas y había complementando su formación con un Máster sobre “Psicoterapia focalizada en la emoción”. Tenía algunos artículos publicados en las redes sociales. El precio era bastante asequible, 30 euros por sesión y la primera de ellas gratuita. Concertó una cita y acudió a la consulta que estaba muy cerca de la Clínica “La Milagrosa”. Cuando llegó a la cita, observó que el psicólogo era un chico joven, con barba corta, vestido de forma “casual”. Preguntó a Pedro si había tenido problemas para encontrar la consulta. Éste le confesó que al llamar a la puerta había estado tentado de volverse pues no tenía demasiadas esperanzas en el tratamiento.

buscando un psicólogo en Madrid

Una buena relación psicólogo-paciente.

Pedro le contó el motivo que le había llevado allí. El psicólogo asentía mientas hablaba y le interrumpía ocasionalmente para ampliar algún detalle. Tras escuchar la historia le explicó su forma de trabajar. Le manifestó la importancia de que se sintiera cómodo y sobre todo “comprendido”. Le dijo que la relación entre el profesional y el paciente era como una calle de doble dirección, donde era fundamental la confianza. Al acabar le preguntó cómo se había sentido y si le apetecería seguir trabajando.

Pedro dudó unos segundos y reflexionó sobre lo ocurrido. Se dio cuenta de que en la hora transcurrida no se había sentido “en el psicólogo”. Notó que había estado muy relajado, en una charla amistosa. Ocasionalmente se había sorprendido por alguna precisión que le apuntaba su interlocutor. Antes de confirmar una próxima cita, Pedro preguntó todas las dudas que tenía en ese momento. Como las respuestas fueron bastante satisfactorias concertó una segunda cita.

Hoy Pedro lleva mes y medio en tratamiento y se encuentra mejor. En parte por el tratamiento farmacológico que ya va haciendo efecto, y en parte por la terapia psicológica. En este aspecto está trabajando de forma muy activa.

Conclusión:

Cuando a lo largo de las sesiones, Pedro me fue desgranando la búsqueda que le había llevado hasta mi consulta, me animé a escribir una guía para buscar psicólogo. Pero pronto comprendí que casi todo estaba ya escrito. Yo solo puedo añadir, que el factor más importante, que hace que una relación terapéutica progrese adecuadamente, es conseguir una sólida relación ente el paciente y el psicólogo.

Por desgracia, el paciente no sabe de antemano casi nada del profesional. No sabe si es una persona rígida y estirada o si tiene un trato agradable. No sabe si es capaz de sintonizar con el paciente. El paciente no puede saber si se va sentir comprendido. No conoce si le van a dar la ayuda, la orientación o los consejos que precisa. Como mucho, puede indagar por internet, buscar datos sobre cómo trabaja, recabar toda la información que pueda y animarse a dar un primer paso.

Lo más importante de la historia de Pedro, es lo que él me ha aportado a mí como profesional. En su historia he visto lo importante que es “abrir de par en par” las ventanas de la consulta, explicar en internet mi forma de trabajar, divulgar por las redes sociales como trabajo con mis pacientes, lo que pueden esperar de la terapia, mostrar vídeos en YouTube que hagan al terapeuta más cercano y accesible, sin perder la perspectiva de la profesionalidad.

Por todo esto, desde aquí quiero dar las gracias a Pedro por todo lo que me ha aportado. Me ha abierto un nuevo camino, para que mis futuros pacientes lleguen a conocerme. Así podrán  valorar, con el mayor conocimiento posible, si yo soy ese profesional que buscan. En definitiva, que logren encontrar el psicólogo que buscan antes de morir en el intento.

 

Puedes leer también:

Cómo encontrar un buen Psicólogo en Madrid – Primera Parte

Reply